25 de enero de 2013

Opera sobre la vida del americano no tan perfecto

Imagen del cartel de la producción que muestra la cara dividida del protagonista, mita hombre mayor, mitad personaje de dibujo animado
Anoche tuve la oportunidad de ver una representación de la nueva opera de Philip Glass solo dos días después de su estreno mundial en el Teatro Real de Madrid.

Aunque la música es a veces preciosa y variada, a diferencia de otras obras de Glass, esta vez no me he llevado como recuerdo ninguna melodía. En los pasajes de recitativo hay muy poco ritmo y me parece que el ritmo natural del habla muchas veces se pierde, y el resultado es monótono y pesado. La música de la orquesta es bastante variada en su tonalidad aunque faltaba la fuerza que caracteriza otras de las obras de este compositor.

He leído críticas de que el guión no refleja el personaje real de Walt, pero creo que es perder la esencia de la obra que intenta presentar un personaje que representa las fortalezas y las debilidades del estadounidense modélico de su época: empresarial, creativo, liberal pero a la vez reaccionario, con temor a la modernidad. En su esencia es cómo una vida de ensueño, al terminar puede transformarse en pesadilla. Vemos como con una reflexión en profundidad, las falsas alegrías del mundo que inventaba Disney, tienen su lado oscuro y amenazante. Al acercarse la muerte, todas la fachada de dulzor y felicidad viene abajo como un castillo de naipes. Pero la sobriedad de la historia de la enfermedad, vejez y muerte de Walt, se desarrolla a través de numerosos momentos cómicos. Un robot androide en imitación del Presidente Lincoln se avería y empieza a comportarse de forma descontrolada, y sus famosas frases sobre la libertad y la igualdad, ideas que antes apasionaban a Walt, ahora le molestan, pero el robot las sigue repitiendo, ad nauseam. Un antiguo empleado dibujante, despedido por Walt por intentar organizar un sindicato en el estudio vuelve a perseguir su antiguo jefe. Andy Warhol visita los estudios para intentar entrevistarse con Walt porque se identifica con él por su amor por la patria y por lo sencillo, pero el efecto es un contraste cómico entre el personaje público de Disney y la realidad de su pensamiento. Una niña disfrazada de búho, que puede representar el espíritu infantil que Walt había capturado en sus películas y su parque temático, consigue entrar en la casa durante la fiesta de cumpleaños, pero para el hombre mayor ya es un espíritu molesto, y él termina expulsándola de la casa con un empujo violento que asusta a la familia.

La obra sigue en cartel en Madrid hasta el 6 de febrero. Luego se representará en el English National Opera de Londres, que es coproductor.

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